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La ciencia y la tecnología forman parte esencial del motor de crecimiento competitivo de cualquier país, y no obstante que México se ha quedado rezagado en la materia, el fomento a la investigación, la inyección de capitales y el seguimiento y consolidación de proyectos, son elementos que podrían ayudar a revertir esta tendencia.
Éste año se proyectó dentro del Presupuesto de Egresos de la Federación, el incrementar los recursos en ciencia y tecnología, a fin de mantener el nivel de confianza de la comunidad científica y motivar tanto a los gobiernos estatales como al sector privado a participar en actividades del rubro.
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Éste último ha aumentado su participación en financiamiento científico y a su vez, coadyuvó al aumento del Gasto en Investigación y Desarrollo Experimental (GIDE), lo cual permitirá contar durante el 2008 con el 0.52 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), nos compartió en entrevista el doctor Leonardo Ríos, Director Adjunto de Desarrollo Tecnológico y Nuevos Negocios del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT).
Aunque el 0.52 por ciento sigue siendo una cifra muy baja respecto a otras naciones, desde la percepción del funcionario podríamos llegar al 1 por ciento: la mayoría de los países que han superado esta cantidad es porque sus sectores privados han aportado más que el gobierno. Y como ejemplo se encuentra Japón, donde el 80 por ciento de inversión en investigación es de carácter privado y el 20 por ciento gubernamental.
Naciones como China, están invirtiendo mucho más en desarrollo tecnológico y pese a su régimen de gobierno, son más abiertos que muchos otros países, pues adquieren tecnología, desarrollan y abren parques tecnológicos, comentó.
Según el Internacional Institute of Management Development, los Estados Unidos de América invierten casi el 2.69 por ciento de su PIB en actividades científicas y tecnológicas, lo que les permite ocupar el primer lugar en cuanto a competitividad se refiere, y obtener un ingreso per cápita de alrededor de 37,000 dólares.
Rezago Nacional
Durante muchos años el gasto en ciencia y tecnología nacional se ha estancado o disminuido, dijo Leonardo Ríos, pero hasta este año aumentó alrededor de 20 por ciento, y se espera que la tendencia sea la misma y se llegue al 1 por ciento, al fin del sexenio de Felipe Calderón.
Desgraciadamente -comentó-, el presupuesto público y el privado no están al mismo nivel: en el 2000 era como de un 80 por ciento público y 20 por ciento privado, pero en la actualidad es de 60-40, respectivamente. Lo ideal sería que ambos sectores crecieran a la par. Por medio del impulso de la inversión federal, se debe buscar que la inversión privada crezca mayoritariamente. "No es fácil, pero se tiene que lograr".
Desde su óptica, en años anteriores la innovación no era un tema común, no estaba en el congreso mexicano, en las secretarías, en varias empresas o gobiernos estatales, aún cuando es el pilar de la competitividad. Si volteamos hacia América Latina, el número uno en la materia es Brasil, que invierte el 1 por ciento de su PIB en ciencia y tecnología, pero de ese porcentaje la mayoría proviene del sector privado. En segundo lugar se encuentra nuestra nación, pero si comparamos, agregó el doctor Ríos, lo que hacen en Francia, Canadá, Estados Unidos, esas son obras grandes.
Por mencionar algo, hace algunos años los coreanos tenían un ingreso per cápita más abajo que el nuestro, y en la actualidad es seis veces superior. El país asiático ha invertido 2 o 3 por ciento de su PIB en ciencia y tecnología. De ahí que considera obligatorio que México, en unos cinco o seis años, supere el 1 por ciento, que llegue al 1.5 por ciento, donde alrededor del 70 por ciento sea de origen privado. Ha sido un cambio fuerte que la inversión privada nacional se acerque a la pública, y posiblemente en dos o tres años, vamos a ver que la inversión gubernamental crecerá pero en menor velocidad que la privada.
Mejorar los Procesos de Pnvestigación
Una de las preocupaciones medulares del CONACYT, es el mejoramiento de los procesos de investigación científica e innovación tecnológica, así como la traducción de este conocimiento en oportunidades en el sector productivo, a fin de lograr un impacto económico positivo y atender las necesidades básicas de la sociedad. De tal manera, el Programa Especial de Ciencia y Tecnología (PECyT), plantea tres objetivos estratégicos:
- Disponer de una política de estado en materia de ciencia y tecnología.
- Incrementar la capacidad científica y tecnológica del país.
- Y elevar la competitividad y la innovación de las empresas.
En el mismo tenor, la participación porcentual de los diversos sectores administrativos en el Gasto Federal en Ciencia y Tecnología (GFCyT), en 2006, fue de la siguiente manera: sector educativo, 36.2 por ciento; ciencia y tecnología, 31.4 por ciento; energía, 15 por ciento; agropecuario, rural pesquero y alimentario, 6.4 por ciento; y economía, 2 puntos porcentuales. Estos sectores en conjunto representaron el 97.2 por ciento del total del gasto.
En el mismo periodo, el sector educativo tuvo una inversión en ciencia y tecnología de 11 mil 873 millones de pesos; la participación de las principales entidades en este rubro fue la siguiente: Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) 41.1 por ciento; Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav) 15.6 por ciento; Instituto Politécnico Nacional (IPN), 15 por ciento; Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) 11 por ciento, y el Colegio de México, 3.5 puntos porcentuales, que en conjunto suman 86.1 por ciento el GFCyT.

El sector energético invirtió en ciencia y tecnología 4,921 millones de pesos, los cuales equivalen al 15 por ciento del GFCyT del 2006. La clasificación de la inversión en ciencia y tecnología por objetivo socioeconómico obedece a una recomendación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en la que se clasifica a cada entidad del Gobierno Federal encargada de efectuar el gasto según el objetivo socio-económico para el cual fue creada.
Con esta clasificación, los objetivos socio-económicos que mayor participación tuvieron en el GFCyT del año 2006, fueron: la investigación no orientada, con 58.2 por ciento; la producción, distribución y uso racional de la energía, con 15 por ciento; y la producción y tecnología industrial, con 7.5 por ciento. En estos tres objetivos se integra el 80.7 por ciento del total del GFCyT.
Sistema Nacional de Investigadores
En cuanto al Sistema Nacional de Investigación se planteó aumentar a dos mil millones de pesos (mdp), más de 400 millones que en 2007, para apoyar a los 14 mil 600 científicos y tecnólogos vigentes del programa, asó como a los que resulten de las eventuales convocatorias. Además de que se pretende un incremento de por lo menos 451 mdp para los Centros Públicos de Investigación (CPI), con respecto al año pasado.
Durante el 2007, el País contó con 54,663 investigadores en universidades públicas y privadas, centros de investigación y el sector privado.

La evolución del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) por nivel de estudio ha estado marcada por un crecimiento constante e importante en el número de investigadores con doctorado según sus requerimientos, al igual que por la constante elevación de la calidad y la productividad de los investigadores para permanecer en él. En total, éste cuenta con 12,236 investigadores con doctorado, 790 con grado de maestro y 459 con nivel de licenciatura u otro tipo de estudio.
Las instituciones que cuentan con más miembros en el SIN son la UNAM, debido a que cuenta con la infraestructura y equipo para realizar investigación de alta calidad; las universidades públicas de Guadalajara, Puebla, Morelos, Hidalgo, Nuevo León, Michoacán y San Luis Potosí, con 3,539 miembros; y el Cinvestav, la UAM y otras instituciones.

Talentos en Fuga
En tono de preocupación, el doctor Leonardo Ríos abordó uno de los puntos más preocupantes de la ciencia nacional: la fuga de cerebros. Expresó que los números en CONACYT son muy favorables, "pero yo tengo dudas". El conflicto es saber cómo pueden regresar nuestros mejores promedios, quiénes fueron a estudiar una maestría y cuánto trabajo les costará conseguir un empleo, sobre todo en el Distrito Federal.
Desde su percepción, sería una pena que no tuviéramos un mercado laboral para los científicos mexicanos. Por lo mismo, el funcionario cree que la única manera de atraer a este grupo, es que las empresas privadas inviertan en el sector y que las patentes permitan crecer económicamente a los investigadores. "A los científicos les falta que les digan: no nada más hagas artículos [para] las mejores revistas del mundo, sino también busca ser innovador y trata de hacerte millonario con un negocio de base tecnológica". En México, argumenta, debe buscarse el impulso del capital semilla y de riesgo; debe haber muchas patentes comercializadas.

Lo importante -insistió-, no es obtener más dinero para la ciencia, sino identificar qué tanto de esa ciencia genera valor para la sociedad y sus diversas problemáticas. Cuando sólo haces ciencia por la ciencia, estás perdiendo grandes oportunidades de negocio. Ese ha sido uno de los grandes problemas de los científicos mexicanos.
"Hay tantas cosas que inventar, sólo falta vincular para que se pueda hacer el negocio"
Patentes Concedidas en México
El Instituto mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) recibió 15,500 solicitudes de patente en México, y los países que más solicitaron fueron: Estados Unidos, Alemania, Suiza, Francia, Japón y Reino Unido. De forma global, las concesiones de patentes a foráneos en 2006 crecieron 19.2 por ciento, mientras que las concedidas a mexicanos registraron un mínimo incremento de 0.8 por ciento.
Al respecto, el doctor Ríos afirma que "los científicos mexicanos escriben entre 8 mil y 10 mil artículos en las mejores revistas científicas del mundo. Es decir, están aportando conocimiento original al mundo, pero de todos ellos, se registran menos de 400 patentes al año".
Mencionó que para que haya más registro de patentes, resulta fundamental fijar como obligación el transferir conocimientos a la sociedad. México al igual que Francia, están preocupados porque no se aprovecha la ciencia en su totalidad.
En los Estados Unidos -precisó-, lo primero que te preguntan cuando pretendes desarrollar un proyecto, es: ¿si haces eso y funciona, qué beneficios tiene para tu comunidad y para la sociedad en general? Si respondes con claridad, evalúan el proyecto y te dan capital para realizarlo, aunque se entiende que algunas veces resulta y en otras no.
Entonces, resulta urgente capacitar a los científicos para que patenten, sino todos aquellos que leen sus investigaciones en las revistas les hacen mejoras y las ponen en práctica.
Al respecto, el programa AVANCE de CONACYT ayuda a que los investigadores presenten su proyecto a la institución, la cual lo evalúa y le ofrece una parte de capital para que lo desarrolle, con el apoyo de personal experto en cada área y con un fin totalmente social.
A la fecha tenemos una ley de ciencia y tecnología a la cual se le ha agregado el concepto de 'innovación', cuyo objetivo central es favorecer al inventor que quiera desarrollar un proyecto mediante la venta de la patente, correspondiéndole el 70 por ciento a la institución que lo lleve a cabo y 30 por ciento al investigador. Treinta por ciento de varios millones de dólares es muchísimo dinero.
Por su parte, recientemente el licenciado Jorge Amigo Castañeda, director general del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) manifestó en un artículo publicado en el libro "Generación y protección del conocimiento", editado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), que "para los investigadores es mucho más sencilla la publicación de sus artículos, en contraposición al proceso que debe seguirse para la obtención de una patente, que en México es de alrededor de 4 años, tiempo standard para el estudio y dictamen de solicitudes de patente a nivel internacional".
De acuerdo con Amigo Castañeda, "la publicación de los avances de las investigaciones puede poner en riesgo la posible protección de los resultados que se obtengan, pues esta publicación se incorpora a lo que se conoce como el "estado de la técnica", haciendo vulnerable a la invención en lo que al requisito de novedad se refiere.

Sin embargo, es necesario mencionar que, si bien las solicitudes de patente de mexicanos no han aumentado significativamente, su participación en el total de solicitudes recibidas ha disminuido por el aumento constante de las solicitudes extranjeras. La inversión en labores de investigación científica y tecnológica tiene una relación directa con la propiedad industrial y, por ende, en la competitividad de las naciones.
Por tal motivo, el IMPI ha impulsado los denominados "Centros de Patentamiento", que fungen como una unidad de asesores y/o promotores al interior de la institución que los alberga, para identificar proyectos no sólo susceptibles de protección, sino también de comercialización a través del licenciamiento o transferencia de sus derechos adquiridos de propiedad industrial.
A lo largo de su existencia, este instituto ha identificado diversos obstáculos para que los microempresarios, investigadores, inventores independientes, instituciones de educación superior y centros de investigación utilicen el sistema de propiedad industrial para proteger sus desarrollos tecnológicos.
Uno de ellos tiene que ver directamente con la inversión monetaria destinada a la presentación de las solicitudes de protección y/o registro de dichos desarrollos. De ahí que analiza diversas opciones, conjuntamente con CONACYT y otros organismos, para evaluar la viabilidad jurídica y financiera de crear un fondo que pudiera apoyar aquellos proyectos que podrían llegar a tener éxito comercial y requirieren ser protegidos tanto en México como en el extranjero, a través del Tratado de Cooperación en Materia de Patentes (PCT).
Sistema Nacional de Evaluación Científica y Tecnológica (SINECYT)
A partir de 2002, año de su creación, el SINECYT ha adquirido mayor relevancia en el CONACYT, debido a la necesidad de brindar transparencia, objetividad y calidad a todos los procesos de evaluación de los proyectos apoyados por sus programas científicos y tecnológicos, así como a las becas nacionales y al extranjero. Hasta el 2007, el Registro CONACYT de Evaluadores Acreditados contaba con 12,526 evaluadores, lo que representa el doble de miembros que se tenían en 2002.
Especial papel juegan aquí los Fondos Sectoriales, Mixtos e Institucionales, orientados a la solución de problemas prioritarios a nivel nacional, estatal y regional. En el periodo 2002-2007 con recursos concurrentes de las secretarías, organismos del gobierno federal, 30 Estados de la República, el Distrito Federal y el Conacyt, se apoyaron 8,573 proyectos, con un monto promedio de 1.2 mdp por proyecto.

Un programa más del cual está a cargo la Dirección de Desarrollo Tecnológico y Nuevos Negocios de CONACYT es el de Estímulos Fiscales (EF), que cuenta con 4,500 mdp para apoyar a las empresas que desarrollen tecnología, las cuales presentan su proyecto al término del año fiscal y la institución les presta el 30 por ciento de lo que invirtieron.
Mediante el EF, se promueve que los contribuyentes inviertan en proyectos para el desarrollo de nuevos productos, materiales y procesos. Durante el año pasado, se apoyaron 622 empresas con un monto de 4,500 mdp, así como 1,918 proyectos. Para las Microempresas, se contó con una aportación de 7, 8.8 mdp, para la Pequeña 12 50.4 mdp, para la Mediana 10 15.8 mdp y para las Grandes 5 43.4 millones de pesos.
Su aplicación, pese a que es nacional, tiene un peso específico en entidades como Nuevo León, Jalisco, Estado de México, Distrito Federal, Coahuila y Guanajuato, quienes ganan los estímulos.
Desde la óptica del doctor Ríos, los estímulos fiscales son un instrumento muy positivo, pues la empresa puede hacer el desarrollo que quiera, siempre y cuando cumpla con ciertas reglas. Lo malo es que los recursos se concentran en algunos estados, por lo que se deben buscar otros esquemas para apoyar a las Pymes nacionales.
De forma global, las entidades que mayor interés han mostrado en el desarrollo tecnológico, además de las ya mencionadas, son Baja California y Puebla. Por su parte, existen estados que se encuentran en un índice de innovación que se acerca al cero por ciento, como: Chiapas, Guerrero, Campeche y Tabasco.
Otros Fondos para el Desarrollo
De particular relevancia en 2007 fue la transformación del Fondo Sectorial de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo Económico -que venía operando desde 2002-, en el ahora denominado Fondo de Innovación Tecnológica, suscrito entre la Secretaría de Economía y el CONACYT, cuyo fin es el incentivo a la innovación y el desarrollo tecnológico de Pymes. Hasta ahora, como parte de su primera convocatoria, han sido aprobados 34 proyectos, por un monto de 118.4 millones de pesos.
A su vez ha jugado un papel primordial, los siguientes programas:
- El Programa de Emprendedores, que ofrece financiamiento complementario al disponible por parte de inversionistas, fondos y otras opciones financieras.
- El Fondo de Garantías, que cuenta con un monto total de 300 mdp para apoyar a empresas que desarrollen nuevos productos, procesos y servicios; así como nuevas líneas de negocios basadas en el conocimiento científico y tecnológico.
- Para el desarrollo estatal de la ciencia, la tecnología y la innovación, el CONACYT ha formalizado y mantiene en operación 33 Fondos Mixtos con entidades federativas y municipios. El monto acumulado en el periodo 2002-2007 es de 2,323 mdp, de los cuales el 45 por ciento fue aportado por gobiernos estatales y el 55 por ciento por el CONACYT. En el periodo 2002-2007 la proporción de proyectos apoyados en las entidades federativas y la capital del país fue de 70 por ciento y 30 por ciento, respectivamente.
- El marco estructural de los sistemas estatales de ciencia y tecnología comprende 31 Consejos Estatales, 29 Leyes locales en la materia, 17 programas o capítulos estatales de Ciencia y Tecnología, y 22 comisiones legislativas encargadas del tema en las entidades federativas.
- La red de 27 Centros Públicos de Investigación que coordina el CONACYT se ha convertido en un mecanismo eficiente de descentralización de las actividades científicas y tecnológicas, pues el 75 por ciento de la actividad sustantiva y financiera de los Centros se realiza fuera de la Ciudad de México.
Materia Energética
El doctor Ríos considera que México se debe preparar para la transición energética, porque en 20 o 25 años las nuevas energías van a ser competitivas: la solar, eólica, las celdas de combustible, entre otras, serán más económicas.
Desde su óptica, la ciencia avanza muy rápido y en dos décadas ya no vamos a quemar el petróleo, aunque lo encontremos a cinco mil metros de profundidad del mar. México lo que debe hacer a corto plazo es utilizar a al máximo la energía solar.
No obstante, CONACYT creó un fondo de hidrocarburos con la Secretaría de Energía, con un monto de 600 mdp para el 2008, que se duplicará en 2009 y nuevamente en 201, con el fin de resolver los problemas a corto plazo y en cerca de 20 años aprovechar de la mejor manera nuestra riqueza petrolera.
El funcionario cree que, al igual que otras naciones, se tiene que abogar por la sustentabilidad e invertir en nuevas tecnologías compatibles con la protección del medio ambiente: nos habremos de unir a los procesos de química verde, a la obtención de energía de los desechos, al reciclado del mayor porcentaje de basura y al desarrollo de otras tantas tecnologías que minimicen los efectos del cambio climático.
Pero en todo esto, consideró que tiene una enorme participación el sistema educativo, con el fin de inducir a los jóvenes a las ciencias, y aplicando programas de enseñanza que sean más de razonamiento y de práctica que de memoria, que sólo los aburre y hasta los aleja de la materia.
"En lugar de tener una escuela informativa, debemos contar con una desarrolladora de capacidades. En las carreras científicas falta gente y en otras sobra. En un país petrolero no se cuenta con especialistas en petroquímica y se improvisa a personal de otras áreas para trabajar en el ramo; se debe generar interés entre los jóvenes a buscar soluciones donde aparentemente no las hay, y a fijarse un reto de aportar nuevas cosas a la sociedad", concluyó.
Por: Julieta Adriana Galindo Rodríguez y Miguel Hernández Mendoza
Número 209, Junio del 2008
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